El juego

El Juego como herramienta en el trabajo con niños

Hay algo de nuestro jugar que lo hace particular: en el consultorio a veces jugamos activamente con algunos pacientes, a veces el paciente juega solo y nosotros le posibilitamos un marco adecuado. A través del juego, lenguaje natural de los niños, ellos pueden contarnos aquello que les sucede. El juego permite además procesar ciertos conflictos intrapsíquicos: le permite al niño hacer activamente aquello que vivio en forma pasiva. No obstante esto, el fin del juego muchas veces no es más que la obtención de placer. No se juega por una necesidad fisiológica o psíquica si no que el juego es muchas veces un fin en sí mismo.

El juego se ve instintivamente en los animales: es evidente por ejemplo en ciertos mamíferos carnívoros en los cuales parece servir como preparación para la caza que les permitirá sobrevivir en el futuro. En el ser humano trasciende el puro instinto. Permite la incorporación de normas, valores, y costumbres, es decir, propicia el acceso a la Cultura, entendiendo la misma, no como un bien de la elite, sino como todos aquellos saberes acumulados a lo largo de la historia, que facilitan el acceso a una vida plena.

No todos los niños pueden jugar. Esta actividad universal puede no producirse (por ejemplo en desordenes organicos o psicóticos graves) o verse interrumpida por la irrupción prematura de la sexualidad y/o de la muerte. "Conseguir que los chicos jueguen es ya una psicoterapia de aplicación inmediata y universal" dice Winicott en Realidad y Juego.

El juego es un momento de socialización privilegiada, de encuentro con el otro. Propicia la creatividad, la actividad por sobre la pasividad, y el fortalecimiento de la autoestima partiendo de las propias capacidades y posibilidades con el fin de optimizar su potencial.

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